Somos una pareja de esposos y compañeros de la vida, Paula y Sebastián. Geólogos de profesión, amantes de las montañas y las bicicletas. Hace tal vez unos 5 años no pensábamos en grandes aventuras. Trabajábamos, vivíamos en Bogotá, cumpliendo de cierta manera nuestros sueños.

DESDE QUE EMPEZAMOS A IR AL TRABAJO EN BICI TODO CAMBIÓ, NOS LLENAMOS DE ENERGÍA, DE ENTUSIASMO DE RECORRER LAS CALLES, DE APROPIARNOS PRIMERO DEL BARRIO EN QUE VIVÍAMOS Y LUEGO DE TODA LA CIUDAD.  ASÍ EMPEZÓ ESTE AMOR POR PEDALEAR.

El vivir en la capital nos enfrentó al endemoniado tráfico, nuestros desplazamientos en buses eran eternos y siempre desde la ventana veíamos a las personas pasar en sus bicis, sin estrés y dueñas de su camino. Ese tal vez fue el punto de inflexión para comprar nuestra primera bici. La adquirimos en un almacén de cadena, muy básica ya que de bicicletas no sabíamos nada.

Después de un tiempo, con bicicletas nuevas y con mayor experiencia en los caminos y carreteras y por cuestiones laborales volvimos a Villamaría muy cerca de Manizales. Allí recorrimos trochas, caminos y muchas veredas. Cada vez queríamos más paisajes, más carreteras, más sitios nuevos por recorrer. Y así fue como decidimos coger las bicis, las alforjas y rodar.

En nuestra primera aventura recorrimos varios pueblos del departamento de Caldas: Neira, Aranzazu, Salamina, San Félix, Marulanda, Manzanares, Bolivia, Marquetalia, Victoria y La Dorada. Este primer viaje nos demostró que si podíamos, que no era un imposible. Seguimos enterándonos del tema, investigando e inspirándonos en otros cicloviajeros colombianos y del mundo.

Equipamos un poco mejor nuestras bicis y emprendimos nuestro segundo viaje, salimos de Villamaría rumbo al Parque Nacional de los Nevados y luego al Tólima donde recorrimos Murillo, Líbano, Villa Hermosa, Casabianca y Herveo. Una ruta de mucha subida y mucho aprendizaje. Ya en estos momentos teníamos claro que esto lo queríamos hacer toda la vida.

Así que nos pusimos nuevas metas. Un buen amigo nos ayudó a trazar una nueva ruta, un poco más larga que las anteriores y emprendimos el camino. De Manizales rumbo a Bonafont, Riosucio, Jardín, Buenos Aires, Jericó, Támesis, Valparaiso, La Pintada, Arma, Aguadas, Pácora, Salamina, Aranzazu, Neira y devuelta a Manizales.

Con estas experiencias además de haber recibido parejas de cicloviajeros, nuestra decisión y pensamientos nos transportaban a la cordillera de Los Andes, rumbo al sur.

Hoy en las alforjas llevamos lo necesario para esta aventura por el Sur de nuestro continente. Un par de mudas para ciclismo y ropa para el descanso y la montaña. Además de herramientas y repuestos para las bicicletas, estufa, olla y platos…

Siempre que se desea viajar uno piensa en que llevar, si lo que se empacó será útil o un peso muerto. Nosotros decidimos ir con lo necesario, vivir de lo simple y esto a la hora de dar pedal y circular por vías poco transitadas, se agradece demasiado. Aunque en el camino nos damos cuenta que las necesidades de todos los viajeros son diferentes y no hay una regla general sobre el equipo a llevar !

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