DESDE CUSCO HASTA LA TEMIDA RUTA DE LAS LAGUNAS
Después de aquella caminata de 10 días a Machu Picchu, retomé mi bicicleta y mi siguiente escala fue Cusco, el “ombligo del mundo” y en su tiempo centro del imperio inca… del Tahuantinsuyo.
Después de aquella caminata de 10 días a Machu Picchu, retomé mi bicicleta y mi siguiente escala fue Cusco, el “ombligo del mundo” y en su tiempo centro del imperio inca… del Tahuantinsuyo.
A la montaña vieja llegué por Choq’eriraw, por más de 40 años último bastión de resistencia de los hijos del sol; se habrían refugiado allí los últimos incas y luego de la derrota ante los españoles del postrero rey del Tawantinsuyu, Manco Inca.
Mientras más me adentraba en el Perú las sensaciones subián en intensidad. El desierto que es costa en este país trae sorpresas, sin embargo, allá arriba en las montañas estás conectado a la vida, haces parte de todo, te alimentas de esta tierra a través de un cordón umbilical místico, antiguo, los andes…
Ingresé al Perú por La Balsa en la ruta que de Zumba (Ecuador) conduce a Namballé, frontera aislada en la entrada a la Amazonia del místico país; “un gringo, un gringo” te gritan los niños, la señora en el mercado y el desprevenido transeúnte…las miradas son nuevas, las manos campesinas, incluso alguna forma de agresividad, se siente el rigor en estos primeros días.
Estar en cercanías del volcán Chimborazo me recuerda al gran explorador Alexander von Humboldt, también lo frágiles que somos, la belleza de nuestro planeta y el alfa y el omega de esta nuestra efímera vida.
Después de trece (13) días en el país de la línea equinoccial, las imágenes, sensaciones y percepciones son grandiosas y variadas. Pedaleo por la fosa interandina, entre algunos conos volcánicos que superan los 6.000 msnm.
Era la madrugada del 17 de abril de 2010 y aún estaba oscuro. Había movimiento en casa pues nadie concilió el sueño esa noche, mi corazón latía fuerte. Tenía miedo y estaba ansioso. Empaqué y terminé de ajustar algunas cosas en las alforjas. Se iniciaba el gran viaje.
Con cada pedalazo que doy mi vida se ha ido transformando. Hoy puedo decir que la idea de recorrer Sur América en bicicleta, surge de mi necesidad de tener una experiencia máxima, reveladora y profunda.