La idea con la que partió de Londres era la de recaudar fondos para la organización británica Merlin (Medical Emergency Relief International). Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo descubrió que no era solamente eso lo que podía hacer por los demás, sino que tenía la oportunidad de ayudar a personas desfavorecidas, enfermas o marginadas.

CON TAN SOLO 35 AÑOS, STEPHEN FABES HA RECORRIDO EL MUNDO ACOMPAÑADO DE SU CÁMARA Y SU BICICLETA. DESPUÉS DE SEIS AÑOS Y CON 86.000 KILÓMETROS A SUS ESPALDAS, REGRESA AL LUGAR DONDE TODO COMENZÓ, EL HOSPITAL ST. THOMAS DE LONDRES, HABIENDO DEJADO CONSTANCIA DE SUS AVENTURAS EN SU BLOG Y CON LA VISTA PUESTA EN EL LIBRO QUE SERÁ SU PRÓXIMO PROYECTO.

Sin embargo, la dificultad más grande que tuvo que afrontar llegó apenas cuatro meses después de su partida. Tras sufrir una lesión de rodilla, se vio obligado a regresar para someterse a una operación. Algo que supuso aplazar el viaje cuando apenas había comenzado, y tener la determinación suficiente para reanudarlo una vez recuperado.

Pese a todo, para él ha sido una experiencia memorable que le ha permitido, no solo conocer mundo, sino empaparse de nuevas culturas, prestar su ayuda a las personas más necesitadas y pensar, pensar libremente, sin estrés, sin ataduras, marcando su propio ritmo.

Gracias a este viaje, asegura haber descubierto que el mundo es un lugar mucho más maravilloso de lo que había podido esperar, un lugar cálido y amable, lleno de gente dispuesta a compartir, a ayudar.

Durante el viaje colaboró con multitud de proyectos humanitarios por toda Asia. Así, una aventura que se inició con un único propósito, término sirviendo a un fin social mucho más grande.

En función del clima y el relieve, recorría entre 40 y 100 km diarios, gastando tan solo 10 dólares por jornada. En ese sentido, agradeció enormemente la hospitalidad de aquellos que le ofrecieron asilo durante el camino. Tal vez por el hecho de ir en bicicleta la gente le sentía más vulnerable y más cercano a ellos, lo que les impulsaba a prestarle ayuda.

Por supuesto, hubo varias ocasiones en las que tuvo que atravesar dificultades. En Malasia, por ejemplo, se vio forzado a interrumpir su viaje durante 10 días tras contraer dengue. Atravesó Mongolia en pleno invierno, viéndose obligado a mantener el agua siempre cerca de su cuerpo para evitar que se congelara. E incluso atravesó desiertos yermos y largas distancias a través de estepas con un paisaje que era siempre el mismo.

Fuente: El Positivo